Tesis universitarias, libros, frases, películas. canciones, poemas, cuentos, estudios e investigaciones científicas, podcasts, artículos y más sobre la felicidad.
Son tus ojos los mas bellos que los míos podrán ver, porque en ellos se refleja la ternura de tu ser, el deseo de mi alba, mi paraíso y atardecer en este te amo,que besa mi alma desnuda llamándote con todos estos recuerdos que siempre empiezan ahora mismo, pues antes de conocerte ya te ame, con cada gota de mi sangre de poeta desangrada en la vida de mis poemas, como el polen a la dulce miel que en la flor de tus labios sueña con florecer dulces versos de nuestro amor. Has hecho del desierto de mis ojos un jardín donde soñarte es la vida que renace en mi pecho tu corazón, donde han vuelto las palomas a anidar tus besos en mis labios, emigrando las golondrinas tristes de mis lagrimas de ayer al cielo oculto que nos separa mi amor, y aquí estoy de nuevo, vivo y despierto, besando suspiros de mis sueños sedientos por evaporarse y entrar en tu corazón y soñarte por siempre como una lagrima dormida en la felicidad acunada por tus latidos, sin una coma, mas que separe este amor entre tus labios y los míos, mientras me comes el alma con tu voz cuando me llenas de suspiros la felicidad hambrienta de saber que tu eres la respuesta a mis sueños, el sentido que hace vivir a mi alma despojada de todo pecado en tu corazón, sabiendo que hasta el cielo esta azul por que tu y yo lo pintamos de cariño, y cuando llueve son las lagrimas de los ángeles por lo que les hacemos sentir, con todo este vivir de bebernos los sueños con los labios de nuestro amor. Si supieras que una lagrima tuya es un sueño mio que muere, y que te amo mas que cualquier poesía, porque tu eres el sentido de todas, la luz de mi corazón, voz y forma de todas mis rimas, tanto te soñé que hasta la lluvia sabe dulce entre nosotros mi amor. A veces me veo en la paz de tus ojos con el mar de fondo y las olas de tu pelo acariciándome el rostro en la vida de mis ojos besando los silencios de tus labios, hasta dormir el sol en nuestro primer aliento llamándonos con este sentimiento de necesidad, que te ruega quiéreme como yo te quiero y te enseñare los misterios de mi corazón, para ver unidos la vida hecha felicidad en la transparencia de una lagrima.
Que la noche me abrace con el amor de tus sueños y me bese con la luz de tu día en mis ojos.
Yo vi que no eran tu mansión mis lares, amada entre las Diosas, y por ti surqué extranjeros procelosos mares, y apartadas regiones recorrí. Y cada orilla que tocó mi prora con labio ansioso preguntar me oyó: ¿Aquí, decidme, la Ventura mora? Mas ¡ay! doquier me respondieron: ¡no! Id más allá: no mereció este suelo que su áurea planta se imprimiera en él: y sin cesar su arrebatado vuelo sigue de playa en playa mi bajel. Y nunca abordo a la feliz ribera donde me digan: La encontraste ya: antes hiere mi oído donde quiera ese eterno terrible ¡más allá! Así del mundo infante en el misterio, anhelando tu asilo encantador, las islas de Fortuna y el hesperio jardín buscaba el hombre soñador. Mas, viendo que en las playas no resides de su natal Mediterráneo mar, mas allá de los términos de Alcides tus islas bellas se lanzó a buscar. Y en el remoto piélago de Atlante intrépido guïando su timón, una siempre, esperando más distante el fugitivo umbral de tu mansión. Y en el vasto Pacífico océano, tras siglos largos, penetró también; pero, sus playas recorriendo en vano, no halló en ninguna el suspirado Edén. Mas siempre en lo ignorado todavía su fe cifraba y su ilusión tenaz; y más lejos, más lejos repetía, y nunca daba a su carrera paz. Holló comarcas donde reina sólo de eterno estío el implacable ardor, y hasta los hielos últimos del polo lanzó el audaz bajel explorador. Y hoy que el nativo globo descubierto por donde quiera el desdichado ve, ¿A qué mar, se pregunta, y a qué puerto para encontrar a la Ventura iré? Mas, aunque nunca a poseerte alcanza, y a todos ve su decepción común, no se rinde y fallece su esperanza, y persevera su deseo aún. Que otra playa lo queda donde vaya de tu hermosura misteriosa en pos, y es la del cielo esa postrera playa adonde puso tu morada Dios. Gozando allí lo que región alguna le dio del mundo, encontrará por fin las islas verdaderas de Fortuna, de las Hesperias el rëal jardín. y sois vosotras esas islas bellas donde el hombre infeliz ha de abordar, refulgentes altísimas estrellas, doradas islas del celeste mar.
Cuando llueve y reviso mis papeles, y acabo tirando todo al fuego: poemas incompletos, pagarés no pagados, cartas de amigos muertos, fotografías, besos guardados en un libro, renuncio al peso muerto de mi terco pasado, soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego, y así atizo las llamas, y salto la fogata, y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento, ¿no es la felicidad lo que me exalta?
Cuando salgo a la calle silbando alegremente —el pitillo en los labios, el alma disponible— y les hablo a los niños o me voy con las nubes, mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando, las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos desnudos y morenos, sus ojos asombrados, y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando, salpican la alegría que así tiembla reciente, ¿no es la felicidad lo que se siente?
Cuando llega un amigo, la casa está vacía, pero mi amada saca jamón, anchoas, queso, aceitunas, percebes, dos botellas de blanco, y yo asisto al milagro —sé que todo es fiado—, y no quiero pensar si podremos pagarlo; y cuando sin medida bebemos y charlamos, y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos, y lo somos quizá burlando así la muerte, ¿no es la felicidad lo que trasciende?
Cuando me he despertado, permanezco tendido con el balcón abierto. Y amanece: las aves trinan su algarabía pagana lindamente: y debo levantarme pero no me levanto; y veo, boca arriba, reflejada en el techo la ondulación del mar y el iris de su nácar, y sigo allí tendido, y nada importa nada, ¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo? ¿No es la felicidad lo que amanece?
Cuando voy al mercado, miro los abridores y, apretando los dientes, las redondas cerezas, los higos rezumantes, las ciruelas caídas del árbol de la vida, con pecado sin duda pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio, regateo, consigo por fin una rebaja, mas terminado el juego, pago el doble y es poco, y abre la vendedora sus ojos asombrados, ¿no es la felicidad lo que allí brota?
Cuando puedo decir: el día ha terminado. Y con el día digo su trajín, su comercio, la busca del dinero, la lucha de los muertos. Y cuando así cansado, manchado, llego a casa, me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos, y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi, y la música reina, vuelvo a sentirme limpio, sencillamente limpio y pese a todo, indemne, ¿no es la felicidad lo que me envuelve?
Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones, me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice: «Estaba justamente pensando en ir a verte». Y hablamos largamente, no de mis sinsabores, pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme, sino de cómo van las cosas en Jordania, de un libro de Neruda, de su sastre, del viento, y al marcharme me siento consolado y tranquilo, ¿no es la felicidad lo que me vence?
Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo; pasar por un camino que huele a madreselvas; beber con un amigo; charlar o bien callarse; sentir que el sentimiento de los otros es nuestro; mirarme en unos ojos que nos miran sin mancha, ¿no es esto ser feliz pese a la muerte? Vencido y traicionado, ver casi con cinismo que no pueden quitarme nada más y que aún vivo, ¿no es la felicidad que no se vende?
A recorrer me dediqué esta tarde Las solitarias calles de mi aldea Acompañado por el buen crepúsculo Que es el único amigo que me queda. Todo está como entonces, el otoño Y su difusa lámpara de niebla, Sólo que el tiempo lo ha invadido todo Con su pálido manto de tristeza. Nunca pensé, creédmelo, un instante Volver a ver esta querida tierra, Pero ahora que he vuelto no comprendo Cómo pude alejarme de su puerta. Nada ha cambiado, ni sus casas blancas Ni sus viejos portones de madera. Todo está en su lugar; las golondrinas En la torre más alta de la iglesia; El caracol en el jardín, y el musgo En las húmedas manos de las piedras. No se puede dudar, éste es el reino Del cielo azul y de las hojas secas En donde todo y cada cosa tiene Su singular y plácida leyenda: Hasta en la propia sombra reconozco La mirada celeste de mi abuela. Estos fueron los hechos memorables Que presenció mi juventud primera, El correo en la esquina de la plaza Y la humedad en las murallas viejas. ¡Buena cosa, Dios mío! nunca sabe Uno apreciar la dicha verdadera, Cuando la imaginamos más lejana Es justamente cuando está más cerca. Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice Que la vida no es más que una quimera; Una ilusión, un sueño sin orillas, Una pequeña nube pasajera. Vamos por partes, no sé bien qué digo, La emoción se me sube a la cabeza. Como ya era la hora del silencio Cuando emprendí mí singular empresa, Una tras otra, en oleaje mudo, Al establo volvían las ovejas. Las saludé personalmente a todas Y cuando estuve frente a la arboleda Que alimenta el oído del viajero Con su inefable música secreta Recordé el mar y enumeré las hojas En homenaje a mis hermanas muertas. Perfectamente bien. Seguí mi viaje Como quien de la vida nada espera. Pasé frente a la rueda del molino, Me detuve delante de una tienda: El olor del café siempre es el mismo, Siempre la misma luna en mi cabeza; Entre el río de entonces y el de ahora No distingo ninguna diferencia. Lo reconozco bien, éste es el árbol Que mi padre plantó frente a la puerta (Ilustre padre que en sus buenos tiempos Fuera mejor que una ventana abierta). Yo me atrevo a afirmar que su conducta Era un trasunto fiel de la Edad Media Cuando el perro dormía dulcemente Bajo el ángulo recto de una estrella. A estas alturas siento que me envuelve El delicado olor de las violetas Que mi amorosa madre cultivaba Para curar la tos y la tristeza. Cuánto tiempo ha pasado desde entonces No podría decirlo con certeza; Todo está igual, seguramente, El vino y el ruiseñor encima de la mesa, Mis hermanos menores a esta hora Deben venir de vuelta de la escuela: ¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo Como una blanca tempestad de arena!
ifelicidad.es Portal número 1 en felicidad en lengua española
This website uses cookies to improve your experience while you navigate through the website. Out of these, the cookies that are categorized as necessary are stored on your browser as they are essential for the working of basic functionalities of the website. We also use third-party cookies that help us analyze and understand how you use this website. These cookies will be stored in your browser only with your consent. You also have the option to opt-out of these cookies. But opting out of some of these cookies may affect your browsing experience.
Necessary cookies are absolutely essential for the website to function properly. This category only includes cookies that ensures basic functionalities and security features of the website. These cookies do not store any personal information.
Any cookies that may not be particularly necessary for the website to function and is used specifically to collect user personal data via analytics, ads, other embedded contents are termed as non-necessary cookies. It is mandatory to procure user consent prior to running these cookies on your website.